«Último minuto… ¡Vamos, yo puedo! Treinta segundos… ¡Joder, me fallan los músculos! Diez, nueve, ocho… Es imposible. Tres, dos, uno… ¡Tiempo!».
—Nada mal, has estado a punto de terminar el WOD.
—¿Nada mal? Fanfarronerías. ¡Me cago en todo!
—¡Esa boca!
—Me da mucha rabia. Esos terrícolas lo logran en pocas semanas.
—No creas, es duro incluso para ellos.
—Me está costando meses terminar este entrenamiento sacado de los confines del universo observable.
—Veinte sentadillas, diez flexiones y cinco dominadas en un minuto, durante treinta minutos. Es tan sencillo de decir como complicado de realizar.
—¡Malditos insectos! Si tan solo pudiera quitarme esta armadura magnética.
—Ya deberías saber que los nacidos en la Tierra soportan una gravedad casi tres veces superior a la nuestra. Debemos equipararnos a sus condiciones.
—No lo entiendo. ¿Acaso nos parecemos en algo a ellos? ¡Somos mejores en todo! ¿Para qué imitar sus ridículos entrenamientos? No los necesitamos, podemos inyectarnos nanobots, o mejorar las exoarmaduras.
—La genética natural siempre es una ventaja. Además, todos los marcianos tenemos en nuestro ADN los parámetros necesarios para desarrollar los tejidos musculares. Simplemente necesitamos nutrir al cuerpo y simular las condiciones terrestres para aumentar su masa.
—¡Claro, para ti es fácil decirlo, señor mestizo!
—¡Jhonson! ¡Ya basta!
«El guantazo resonó hasta en las profundidades del cráter Hellas. Nunca lo había visto tan enfadado. ¿Qué es este sentimiento? Me paraliza».
—Discúlpame, no debí golpearte.
—Padre…, tienes razón. Debo esforzarme más.
—¡No! Ahora mismo hablas por miedo. Lo siento por mis actos, puede que me doliera más a mí que a ti, pero debes entender que no podremos liberarnos del yugo terrícola sin ser fuertes; tanto de cuerpo como de mente. Debes trabajar también el autocontrol. ¡Supérame!
—Lo entiendo. ¡Hay que ganar! Solamente debemos esperar el momento oportuno.
—¡Otra vez equivocado! Hay que vencer sin llegar al conflicto. En el siglo iv a. C. un enigmático filósofo y general llamado Sun Tzu citaba: «Un centenar de victorias conseguidas en un centenar de batallas no constituye gran habilidad. Someter al ejército enemigo sin necesidad de pelar, esa es la mayor habilidad». Debemos tener cerca a nuestros aliados, pero todavía más a nuestros enemigos, llegar a ser parte de ellos.
—¡Los odio a todos! ¿Por qué nos hacen esto?
—Porque pueden, y no los odies, ámalos.
—¿Amarlos?
—¡Exacto! Observa la insignia del pecho y dime qué sientes.
«Al mirar hacia abajo vi el típico estampado con la insignia del sector marciano: un dragón metálico rojo formando la letra M. Siempre me llamó la atención que, si observas durante suficiente tiempo, el dorso de la criatura parece un cohete».
—Siento orgullo, sacrificio, dolor y apego por todos los marcianos del sector, vivos o muertos.
—Pues, hasta que no sientas lo mismo por todos, no seremos dignos de gobernar el Sistema.
—¡Entendido! Me esforzaré para ser digno. ¿Puedo repetir el entrenamiento?
—Por supuesto. Cuando pierdas todas las fuerzas, recuerda canalizar todo el odio, la ira y la rabia hacia tu cuerpo, de ese modo sobrepasarás tus límites. Asistencia, repetir ejercicio.
—El WOD de Crossfit número trece dará comienzo en tres, dos, uno…
—¡Adelante, Elon! Confío en ti, hijo mío.
