Microrrelato. Telepatía cognitiva

Autor: Samuel Papí Gálvez

– Mi joven aprendiz, tienes un don, debes aceptarlo.

– ¡No! No es posible entrar ahí…, no me deja, no puedo.

– Sí puedes. Muchos animales no son capaces de tergiversar su razonamiento como otros más cognitivos, entre ellos los seres humanos. Son conscientes y por supuesto también sienten, mas son tan puros que no imaginan su propia existencia en otra realidad. Forman un todo con la naturaleza.

– Pero señor, mira… Está asustada.

– ¿Prefieres utilizar frecuencias de sonido? De esa forma no te va a entender. ¿Lo sabes, no?

– ¡No quiero! No quiero hacerle daño.

– ¡Tan capaz y testaruda! Imagino que son cualidades paralelas.

– No me trates así. Lo estoy intentando.

– ¡No! No lo intentas, no puedes mentirme. Estás asustada y se lo transmites, lo que equivale a inaccesibilidad, al igual que con los humanos.

– ¡No es verdad! Me he introducido en los peores sentimientos de algunas personas.

– Simplemente dentro de dimensionados expertos, o incluso en la mía, un ascendido muy experimentado. Recuerda que nosotros somos capaces de liberar la mente, gracias a la nanociencia cerebral y a muchos ciclos de enseñanzas, aunque eso signifique mostrar las inquietudes más profundas. La mayoría de humanos no son tan fáciles.

– Entonces me das la razón. ¡Entrar en contra de su voluntad es invadir su intimidad, está mal!

– Aunque lo intentaras, ni siquiera podrías. No te he dicho el modo de hacerlo, te he dicho que encuentres la manera de abrir su corazón.

– ¿Abrir su corazón? ¡Es un simple animalito!

– ¿Así lo ves? Entonces, nunca podrás ayudarla, y tiene miedo.

– Tiene pánico de nosotros, la hemos atrapado. Si la soltamos…

– ¡Ya basta pequeña! ¿Acaso no amas a todas las criaturas? ¿No lo ves? Está asustada, no entiende nada. ¿Puedes hacerle entender, verdad? Es tu responsabilidad. Si la sueltas ahora, no asumirá lo ocurrido y tendrá que vivir el resto de su vida con este trauma.

– ¡No es justo! Mmm… ¡Creo que ya lo entiendo! «Incomprensión, dolor, muerte, angustia, pavor, muchísimo terror. ~ No, no te asustes, no voy a hacerte daño. Eres un ser tan bueno, tan bonito, tan inocente. Te cuidaré, si me dejas claro, ji, ji, ji. ¡Amor y felicidad! Abrí los ojos». ¡Mira maestro Odín! Me deja acariciarla.

– ¡Lo has logrado a la primera! Increíble, yo tardé en comunicarme con una ochotona himalayana, casi cinco ciclos.

– ¿En serio? ¿Puedo quedármela? Es una monada. Me da besos.

– No podemos, es un ser vivo, no una cosa.

– ¡Jolín!

– ¡Señorita Karimah Sarpong! ¿No has aprendido nada?

– Vale… ¡Vete mi amor, se libre! «¿Por qué no te vas? ¿Qué siento? ¿Qué sientes? Seguridad, fraternidad y felicidad. “Ahora si puedes cuidarla, te eligió como parte de su familia. Será responsabilidad tuya” ~ ¡Qué guay!» ¡Gracias! La llamaré Nieve, en honor al Himalaya. ¿Es su hogar y el nuestro, no?

– “Hima” significa nieve. Además de un nivel empático fuera de lo común, eres una niña risueña.

– Sube a mi hombro, pequeña Nieve. ¡Te enseñaré tu nuevo hogar! Cuantimasha es una ciudad preciosa, hay muchos tipos raros, pero son buenos. ¡Tú y yo, seremos amigas para siempre!

~ No hay duda, es la elegida.


Publicado por SamuelPG

Bienaventurados los curiosos. Curiosidad..., la fuerza invisible de todo ser consciente.

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