Microrrelato. Ultimátum final

Autor: Samuel Papí Gálvez

—¡Papá! ¡Has vuelto! ¿Hay algo rico de comer hoy? —preguntó la niña salivando y examinando las manos de su padre recién llegado, con sus tiernos ojitos verdes rasgados.

            —Un poco de arroz, cariño. […] Lo siento, no he podido conseguir sal, los medicamentos de tu hermano están siendo más caros de lo pensado. —Los gestos de la cara en su hija cambiaron de repente, de entusiasmo a tristeza—. Pero no pasa nada, vamos a hacer una cosa, ¿vale?

            —¿Eh?, ¿qu‑qué?, ¿qué quieres hacer?, lo prometiste —tartamudeó y murmulló, mientras se daba la vuelta haciendo como si estuviera enfadada.

            —¡Figuras con arroz!, tengo moldes en forma de corazones.

Su progenitor intentó ofrecerle una gentil sonrisa forzada.

            —Papá, no, no es eso, me dan lo mismo los corazones. ¡Tengo ya ocho años!, no soy una niña, siempre cuido de mi hermano y del refugio, es mi deber como hermana mayor, pero no entiendo algo. Te pasas muchas horas trabajando, no te vemos nunca ni tenemos comida, incluso con el dinero que dan a todos, ¿cómo era?, ¿lenta básica?

            —Renta básica, y no deberías curiosear las cosas de adultos por la red. —El padre miró a su hija, consternado por sus recientes palabras.

            —¡Ya vale de mentiras!, si no hay dinero para comida y medicinas, ¿en qué lo gastas? —La pequeña se abalanzó contra su padre y le abrazó, llorando, mientras le asestaba puñetazos y patadas con escasa fuerza—. ¡No nos quieres!, desde que murió mamá todo ha ido mal, te odio, ¡te odio!

            —Lo siento, hija, te debo una explicación. Ha llegado la hora, eres demasiado mayor para ocultarlo. —Él se limitaba a sujetar a su preciosa hija para evitar daños innecesarios.

            —¿Tienes problemas?, te puedo ayudar, yo te ayudaré.

Terminó de dar golpes y se secó las lágrimas con su camiseta favorita, prenda con un logotipo propagandístico y unas letras desgastadas:

            «El cambio es posible, energía limpia e ilimitada, energías renovables + energía de fusión».

            —Sí, los tengo, el hecho es, todos los tenemos. —Como si estuvieran conectados por una fuerza universal, los dos, padre e hija, en ese preciso momento, sentían lo mismo—. Con tu madre teníamos dos trabajos, al menos podíamos comer y pagar medicinas, aunque eso ya lo sabes… Hay algo más, desde hace tiempo, el mundo como lo conocemos se acaba. Nuestros antepasados, los abuelos, forzaron demasiado los recursos del planeta, las plantas no crecen como antes, por eso tenemos escasez. Debo trabajar duro, aunque sea a cambio de nada. ¿Lo entiendes?

            —Creo que sí. Trabajas duro para solucionar ese problema por los abuelos, ¿no?

            —Confía en mí, te lo prometo, lo conseguiré. Tú, junto a tu hermano, tendréis un futuro mejor.

            —Vale, te perdono. […] Entonces, ¡hagamos arroz con forma de corazones para comer!, al Tete le encantan. ¡Cocino yo!, necesitas descansar para salvar el mundo. —Ella sonrío y le dio un beso—. Te quiero mucho, papi, desde ahora vas a ser mi héroe.             —No os defraudaré.

Publicado por SamuelPG

Bienaventurados los curiosos. Curiosidad..., la fuerza invisible de todo ser consciente.

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