Microrrelato. Glaciación venusiana

Autor: Samuel Papí Gálvez

– ¿Cómo comenzó la construcción de la mayor estructura de la humanidad?

– Con robótica, nanotecnología, procesamiento cuántico, mucho trabajo e ilusión.

– ¿De dónde salen las ingentes cantidades de material?

– Naturalmente del propio planeta no. No se puede penetrar su atmósfera infernal de 463,85 ºC, por lo tanto, plantearnos una industria minera es impensable. Con suma precisión, atraemos satélites y la gravedad de Venus se encarga del resto. Una vez en el planeta, nos ponemos a trabajar con extracción de baja órbita. Sin duda, es ingeniería a escala planetaria, con más dificultades de las planteadas en la terraformación de Marte, la construcción de ciudades-burbuja submarinas en Encélado, o los megacultivos verticales de Ganimedes.

– ¿Es seguro para el resto de sectores?

– Tan seguro como cualquier otro proyecto. Naturalmente tiene sus riesgos, la acción humana siempre los tiene, por eso invertimos tanto tiempo y recursos. Nos retrasamos, literalmente, décadas en “pro” a la seguridad. Debemos tener mucho cuidado en seleccionar bien la ruta por cada asteroide, asegurarnos que realmente queda atrapado en la órbita, y proceder a su extracción. Si no hacemos bien nuestro trabajo, podría impactar con otro planeta, suponiendo una gran catástrofe. Hasta ahora, no hemos tenido percances gracias a nuestra gran meticulosidad.

– Háblanos de la estructura.

– En palabras entendibles, es como una gran malla semiconductora alrededor del planeta. Su función principal es recolectar energía solar fotovoltaica, para ahorrar costos energéticos en la fabricación masiva de generadores de fusión. Esa energía es utilizada para el proyecto, pero su objetivo final será abastecer estructuras y una magnetosfera artificial.

– ¿Parecida a la del planeta rojo?

– Parecida puede, mejorada seguro. La mayor diferencia es energética: la ingeniería marciana utiliza satélites orbitales individuales y no pueden activarse constantemente, pues se abastece de la energía de fusión almacenada en la superficie; esto sería un derroche. Imaginar el coste solo en transportar la energía a órbita mediante rayos láser. Otra desventaja de la ingeniería marciana es la necesidad de un soporte continuado para las detecciones de CME. Un único fallo es desastroso. Además, existen diferencias planetarias importantes; el ejemplo más significativo es la distancia al Sol: a mayor proximidad más radiación y menor tiempo de reacción para evitar tormentas solares, es más lógico tener un escudo que nos proteja permanentemente.

– Según vuestros datos la estructura estará funcional en dos décadas. ¿Qué le sigue?

– Desplegaremos membranas fotovoltaicas, después activaremos la protección, le seguirán las pantallas reflectantes, envolviendo parte del planeta. Esperamos llevarlo a un estado de glaciación controlada, pero antes hay que bajar la temperatura media hasta 31 ºC, y la presión a 70 bares, en ese momento dará comienzo la licuefacción. A partir de ahí, podemos construir estructuras en la superficie para almacenar el CO2 con el proceso de algas marinas. La tecnología se utilizó en el siglo I y II D. P. para limpiar la atmósfera terrestre. Hoy en día, somos mucho más rápidos gracias a las mejoras tecnológicas en el campo genético.

– Lo que dices parece sacado de una novela de ciencia ficción. ¿Y nuestra preciada agua? Por lo que sabemos, la existente es insuficiente.

– Hemos probado con éxito un proceso industrial de nanofabricación: rompemos la molécula de CO2 almacenada en las algas; el oxígeno es utilizado o guardado, y el estado atómico del carbono se modifica para estructuras, baterías, o cualquiera de sus diversas utilidades. En esa parte, afortunadamente generamos residuos de hidrógeno. Por tanto, ya tendríamos los elementos necesarios para generar H2O artificial.

– ¡Increíble! Todo lo que nos cuenta es fascinante, seguro que con la entrevista interactiva se unen más investigadores al proyecto. Una última pregunta, los seguidores terrícolas insistieron mucho en esto. ¿Cómo se convertirá Venus de un planeta gélido a un paraíso tropical?

– Es sabido por todos que necesitamos de espacio, la creciente demografía descontrolada nos afecta, en consecuencia, el hecho de convertir el planeta en un glacial dónde se pueda, al menos vivir, de por si ya es una proeza. Pero es cierto, preferimos ese Venus paradisíaco que imaginaron los primeros astrónomos; un sentimiento antiguo proveniente de la visión de su nombre mitológico. Queremos, y sobre todo podemos, terraformar un planeta mejor para la vida humana que la Tierra. La idea es controlar la temperatura media del planeta, desplegando reflectores solares en puntos estratégicos. Tener en cuenta que la “Diosa del amor”, tiene una rotación sobre su eje de 243,09 días, lo que hace indispensable cubrir las partes más expuesta para evitar consecuencias, como las fuertes corrientes en chorros por diferencias térmicas. Con esta necesaria premisa en mente, no nos resultará difícil controlar la temperatura media, una vez comprobados todos los posibles resultados en las pruebas previas, por supuesto.

– Muchas gracias por sus explicaciones, científica jefe Ming-kun. Informando Nerea PG, reportera independiente, desde entorno virtual interactivo. Cierro enlace con la V.S.S (Venusian Space Station). No olviden el feedback. ¡Hasta próxima, monitos espæciales!

Desconectando entorno virtual en 3, 2, 1…

Publicado por SamuelPG

Bienaventurados los curiosos. Curiosidad..., la fuerza invisible de todo ser consciente.

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