—Me niego rotundamente. —«Es un loco si de verdad cree que va a funcionar».
—Es la única manera. —«Debo enviar los datos desde ambos bioterminales a la vez. Mi propio implante cerebral, programado para acceder a la red virtual WWW (World Wide Web) —red controlada por las grandes corporaciones americanas—, con sus viejos y fiables servidores, me sirve para llegar a la mitad de la población.
»Por otra parte, mi colega de investigación tiene acceso a los modernos y extravagantes nodos cuánticos HJS (Hùlián jíshí shìjiè o互聯即時世界), controlados por las principales naciones de la Coalición Asiática, o, lo que es lo mismo, la otra mitad de la población».
—Vamos a provocar un desastre. ¡No! Puede que algo peor. —Sus palabras sonaban dudosas, mientras pensaba que el prestigioso programador en comunicaciones cuánticas había perdido la chaveta.
—El apocalipsis se lleva imaginando desde el principio de los tiempos. No sabemos el futuro, lo que sí sabemos es el presente, y es una mierda —contestó tajante y seguro.
—¡Tú y tus delirios sectarios!
—El cuantismo no es una secta, la base de sus enseñanzas es cuántica, a esa escala cualquier cosa deja de tener sentido físico. Todos somos demasiado insignificantes como para pretender obtener la razón absoluta; la ciencia, la sociedad y la religión deben coexistir sin jerarquías y unirse, es la única forma de acabar con las discrepancias. —«Ciertos grupos minoritarios manchan el buen nombre del cuantismo y la Unión Ecosocial, pero eso ahora no es relevante».
—Todo bien hasta que vengan los militantes de Sinergia Central a pegar tiros a diestro y siniestro. No quiero morir. ¿Tú no tienes miedo?
—¡Miedo! ¿Dónde quedan la empatía, el amor y la lógica humana? —Antes de continuar, pensó durante unos segundos—. ¿Cómo es qué en el siglo xx no nos aniquilamos?
—Seguramente por la invención de la bomba atómica. El miedo a la autodestrucción generó una difuminada paz, pero este no es el caso. Si transferimos el código abierto que has creado, ¡todos programaremos nanobots replicables! ¡Un grupo reducido podría cambiar el estado atómico de cualquier elemento! ¡Poder suficiente para acabar con la vida en la Tierra!
—Correcto. También tendrían que pensar en la responsabilidad de sus actos. —La miró intensamente a los ojos—. ¿Algún humano podría lidiar con la carga que conlleva el exterminio de su propia especie?
—¡Por supuesto! —gritó enfadada—. Existen los dementes.
—Probablemente, aunque serían muy pocos. —Lanzó un moderado puñetazo a la mesa—. ¡Es más fácil frenar a unos maniáticos reconocidos que a millones de lacayos y sus poderosos líderes! —«Son esclavos de su propio poder. ¡Perturbados!»—. 37 años de muertes injustificadas son suficientes, amiga. ¡Acabemos con la guerra de clases!
—Desigualdad, contaminación, calentamiento global, hambruna, enfermedades, revueltas… —suspiró a la vez que se sujetaba la cabeza con las palmas de sus manos sudorosas—. Te ayudaré a transferir ese maldito programa.
—Gracias, espero no equivocarme.
—¿Ahora dudas? —«Espero que sepas lo que haces, amigo».
—No dudo, pero hay una pequeña posibilidad de acabar siendo yo el genocida. —Se recompuso enseguida, después conectó su enlace a un switch inalámbrico externo.
—Y yo te habré ayudado. —«¡Que el Universo nos ampare!».
—¿Hay alternativa? —Conexión en 3…
—Lo que ya no hay es vuelta atrás. —«Subiendo datos».
