Microrrelato. Inframundo paradisíaco

Autor: Samuel Papí Gálvez

—¡Jajaja! —«Un lagarto, ¡un reptil fabuloso! ¿Qué? ¡No! Un ave terrorífica, negra como el averno. ¡Gigante! ¡Se va! ¡No huyas! ¡Ven aquí!»—. ¡No huyas! ¡Ven aquí! —«¡Vuela! Eres un dios»—. ¡Un dios gigantesco! ¡Bahamut! —«Vuela alto, al espacio, llévame contigo, ¡llévame!»—. Llévame contigo, ¡llévame! —«Eso, sí, salgamos de los límites del Sistema Solar, vamos, ¡hacia la heliopausa!»—. ¡Hacia la heliopausa!

            —¿Estará bien?

            —Y yo qué coño sé, para eso son los sujetos de prueba, ¿no?

            —¿Y qué coño sabes? ¿Con quién piensas que hablas? ¡Tú, friki!

            —Dime.

            —¿Seguro que has podido hackear la programación base de los nanobots para descomponer cuerpos de seres vivos?

            —Muy seguro.

            —¡Atar a ese necio! Su forma de hablar me irrita.

            —¡Señor! ¡No! ¡Parad! ¡Deteneos! ¡Lo siento! No me mutiles…

            —¿Ves? Es un cube modificado, tiene la peculiaridad de descomponer cualquier cosa, hasta pequeñas porciones de un cuerpo vivo. ¿Sorprendido, verdad? No es de extrañar, es una pieza única. Lo pondré justo aquí, entre la entrepierna.

            —¿Qué? No, lo lamento de veras.

            —Como el sujeto muera, puedes olvidarte de mear de pie por el resto de tu miserable vida.

            —No morirá, la droga es perfecta.

            —Eso esperemos. Ahora también lo espera, impaciente, la poca lujuria que te queda.

            —¡Mirad al sujeto!

            —Dadme más. ¡Más! Estaba a punto de descubrir una nueva dimensión. ¡Quiero volver! ¡Más!

            —Aquí tienes, pobre desgraciado.

            —¿Cuántas dosis lleva?

            —Unas ciento veinte, el tiempo de enajenación se reduce, pero parece estar bien. No tiene secuelas ni rastros físicos detectables.

            —Bien, ya iba siendo hora. Maldito químico, has tenido suerte, pero te lo advierto, no me vuelvas a hablar de esa forma. ¿Entendido?

            —Entendido, solo me dejé llevar.

            —¿Te dejaste llevar? ¡Gr…! Paciencia. ¡Soltadlo! Ahora debemos pensar en cosas más importantes; por ejemplo: en un nombre con gancho.

            —Capo, en todos sus delirios balbuceaba nombre de invocaciones.

            —¿Invocaciones?

            —Sí, de un juego virtual peculiar creado en una era anterior al plasma.

            —¡Joder! Eres un genio o un necio. Habla ahora o atragántate.

            —Aeris, es una invocadora muy conocida de…

            —¡Me gusta! Ese mismo, prefiero no conocer detalles. ¡Comercializad el estupefaciente aeris por todo el Sector Exterior! Volveremos a resonar por todo el sistema. Temblarán al conocer el poder de la familia Gárland.

            —Ese nombre fue idea mía, sabías que se basa en…

            —¡No quiero saber nada! —«¿Por qué estaré rodeado de nerds?».

Publicado por SamuelPG

Bienaventurados los curiosos. Curiosidad..., la fuerza invisible de todo ser consciente.

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